jeringueros

martes, 26 de mayo de 2009 | |

A lo largo de mi vida he experimentado grandes momentos y terribles experiencias al ser inyectada. Cada maistro tiene su librito, y en la viña de las inyecciones hay de todo.

  • La Sra del Barrio. De niño siempre lo inyectaba a uno una señora de la cuadra, casi siempre viejita, muy dulce y buena gente o absolutamente todo lo contrario, una sádica sicópata de lo pior. Dependiendo de esto era la reacción a ella. Si te tocaba la sicópata le temías mas que al diablo y te cruzabas la calle al pasar por su casa aunque enfrente estuviera un perro rabioso mal amarrado. You'd take your chances. Si te tocaba la sra linda hasta ganas te daban de darle un abrazo por que aparte de todo tenia buena mano y siempre te daba una maizenita, pansito o lo que hubiera en su mesa. Por supuesto sobra decir que la sádica no tenia buena mano y te picaba con odio y no te ofrecía ni un kleenex para las lágrimas.
  • Tu mamá. Un día se moría la viejita del barrio y a tu mama le entraba el valor y decía que 'como no! si sabía inyectar, si era refacil y aprendió con una naranja' ... tristemente esta frase siempre acaba en llanto, tuyo y de tu mamá por que claro que no sabia inyectar y te dolió hasta el alma y probablemente hasta te agarro nervio y se te acalambro medio cuerpo y por supuesto, uno se queja con harta razón y la mama que 'solo quería ayudar y no aprecias lo que hace por ti' pos también se suelta llorando. Gracias a dios, casi siempre esta experiencia es única pues ambos aprenden la lección, por lo tanto:
  • El de la cruz roja. Uno llega con galopante desconfianza y nervio, y no falta que te toque de novatada un accidentado, mutilado, y/o chamaco descalabrado en la sala de espera solo para darle el toque dramático al momento. Ya con los nervios destrozados, y casi a punto de dejarte inyectar de nuevo por tu mamá, sale un chingado chamaco de 13 años y te dice que pases. Claro, aun siendo tu menor sabes que ese chamaco para nada es un hombre maduro, y puedes detectar el bigote cebollero y los granos de puberto que para nada dicen 'soy un hombre de fiar'. Solo por orgullo pasas apretando la receta y la ampolleta contra el pecho, abriendo mucho los ojos pa que no se te salgan las lágrimas, y te te tiras en la camilla listo para lo pior. Empiezas a rezar por tu nalga sana (la que no te desgracio tu amá) y en eso estas cuando te dice, LISTO! con voz de gallo claudio y toda la cosa. Por supuesto el chingado chamaco es la mar de bueno pa inyectar ya que lo hace de doscientas a trescientas veces diarias y aparte a esa edad todos los hombres tienen buen muñequeo. Le besas las manos de ángel aunque secretamente piensas que no te inyecto pero agradeces tus bendiciones y te largas.

Claro también están la monjita enfermera, la tía regañona, el doctor manos frías, y el laboratorista burlón, pero esos ya vienen después de pasar por estos primeros tres que te marcan para siempre.

0 comentarios: